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Facebook me ha castigado

Facebook me ha castigado. Como la maestra que deja a los alumnos sin recreo, o la madre, al hijo sin postre, Facebook me ha dejado sin posibilidad de publicar, dice. ¿Quién dice? Facebook, el libro de las caras que no tiene cara, apenas un algoritmo sin cejas o narices que se frunzan, se ha arrogado el derecho que normalmente tiene la gente a la que, por cariño o respeto, le otorgamos autoridad sobre nosotros, y me ha enviado un mensaje para informarme que, por haber infringido sus reglas, tengo prohibido publicar durante tres días. La diferencia es que, si fuera la maestra o cualquier otra persona, yo podría, si quisiera, hablar con ella para intentar convencerla de lo injusto del castigo. Es bastante probable que no lo lograra, pero existiría la posibilidad. Facebook, en cambio, carece de personalidad o rasgos y, por ello, es imposible dialogar con él. Como un rey absolutista al que los súbditos no tienen acceso, se atribuye el privilegio de decidir qué es bueno y qué...

A los chicos hay que decirles siempre la verdad

“A los chicos hay que decirles siempre la verdad” ¿Se acuerdan de aquella frase que era vox populi en los años ’70 y que remedaban tan bien Les Luthiers en Consejos para padres? “A los chicos hay que decirles siempre la verdad”. Los expertos lo decían en los programas de televisión y en artículos sobre cómo educar a los hijos. Lo repetían los adultos en las conversaciones de sobremesa, las madres jóvenes por teléfono, nueras y suegras mientras lavaban platos después del almuerzo del domingo.  Y, sin embargo, -haz lo que yo digo y no lo que yo hago-   a menudo todo se quedaba en palabras huecas y nadie se preguntaba realmente por qué había que decirles la verdad a los niños. Hasta el día de hoy, ¿sabe alguien por qué hay que decirles la verdad a los niños? La razón que está detrás de esa afirmación la hemos heredado de la iglesia católica y es casi siempre que la verdad es un valor en sí mismo, la verdad opuesta a la mentira, sustentada en el octavo mandamiento aprend...

Nunca les mientas a tus hijos

A mi padre, que me liberó al develarme la verdad   Nunca les mientas a tus hijos. Si tienes muchas ganas de mentir y no puedes aguantártelas, miénteles a los especuladores, los políticos, los recaudadores de impuestos, personas que no merecen tu confianza. Pero nunca les mientas a tus hijos. Puedes incluso mentirles a tus vecinos o amistades, y hasta a tu marido o tu mujer de vez en cuando. Pero a tus hijos, nunca. Nunca les mientas.   Y la primera razón por la cual no debes hacerlo es que tus hijos tienen una confianza ciega en ti. Todo lo que les digas será para ellos una verdad absoluta. De modo que si les dices que algo es rojo, aunque lo vean azul, lo llamarán rojo pues no pueden siquiera imaginar que tú podrías decirles algo que no es cierto.    Tus hijos modelan su percepción a partir de lo que tú les dices. Mentir es un acto de habla que implica un desplazamiento de significados. Si tú le has enseñado a un niño que todo lo que es azul se llama...

¿Soñar no cuesta nada ?

Hace poco tuve una experiencia con un grupo de participantes a una mesa de conversación, que me dejó pasmada. Se trataba de hablar de sueños, de si es posible o no interpretarlos y si acaso querríamos hacerlo. Los participantes eran todos europeos, mayores de cuarenta años, varias mujeres y un hombre. Como punto de arranque para la conversación, propuse un texto y un video de una autora chilena que, a partir de la teoría de una estadounidense –a quien hace referencia expresa- ha creado un método para interpretar sueños. [1] A principio les pedí que explicaran qué era para ellos un sueño y en las definiciones se mezclaron algunas experiencias personales, tales como la de una mujer que afirmó haber tenido sueños premonitorios. Luego vimos el video y empezó el debate. Quizás porque la autora era americana –y no europea-, quizás porque consideraron literalmente una frase que debía leerse en segundo grado, a saber “me lo dijo un sueño”, los participantes examinaron con una ...

¿Volverán las oscuras mariquitas?

No sé cuándo vendrán las mariquitas. Madre dijo que vendrían en primavera, Pero a fines de mayo no han venido Y mis plantas se mueren de pulgones. He lavado sus hojas cada día Con paciencia, jabón y agua caliente. He visto nuevos brotes en sus ramas Asomar las caritas y reírse Pero al rato venían los pulgones A acabar con todo atisbo de alegría. Tabaco he puesto entre las ramas Y en la tierra, por consejo de una maga. Un poco se asustaron los pulgones Pero al tiempo volvieron a la carga. Mis primos ingenieros me dirían “¿y no has puesto a tus plantas pesticida?” Confieso que lo he hecho dos, tres veces. Los pulgones se me rieron en la cara. ¿Volverán las oscuras mariquitas? ¿O es que acaso se fueron a la guerra? Pasó abril, pasó mayo y llega junio. De mi ventana observo el horizonte. Sueño con una nube negra y roja. Volando por el cielo desembarca En mi jardín, hambrienta, a devorar El ejército entero de pulgones. Pero no es más que ...

Ciudadana de a pie versus neoliberalismo

Nos prometieron la libertad, mejores servicios para todos y la redistribución de la riqueza. Yo tenía 13 o 14 años y oía decir a los adultos a mi alrededor que con la privatización se solucionaría todo : los teléfonos, los trenes, la electricidad, los aviones, todo funcionaría mejor si estuviera en manos de capitales privados. Porque además eso acabaría con los monopolios estatales y desarrollaría la competencia, lo que redundaría en una baja de precios y una mejora de los servicios. Se suponía, por ejemplo, que si varias empresas ofrecían el mismo servicio, competirían entre ellas y eso haría que disminuyeran los precios para atraer a los clientes, quienes serían los principales beneficiarios de estas medidas. En el caso de Entel, la empresa estatal de teléfonos, por ejemplo, no resultaba difícil imaginar una mejora ya que el estado general de cosas era desastroso : meses, sino años, para que te instalaran una línea, horas para comunicarse con alguien en la misma ciudad, e...